Las primeras viviendas en Cuba
La vivienda en Cuba es, como en muchos países, un fenómeno histórico, geográfico, climatológico, social, psicológico, económico y cultural. Y la vivienda es la edificación constructiva más importante para la sociedad de cualquier país, si tenemos en cuenta que la familia es la célula fundamental de la sociedad y que la familia necesita de la vivienda para vivir.

Las primeras viviendas en Cuba se construyeron hace unos 1200 años. Sin considerar las cuevas y grutas donde vivieron desde mucho antes los primitivos pobladores.
Antes de la conquista y colonización de Cuba, la población aborigen no tenía un grado de desarrollo semejante al de otras culturas precolombinas, como los mayas, los aztecas o los incas. Los indígenas de Cuba no edificaron grandes templos ni ciudades. Los más avanzados, los taínos, construyeron comunidades denominadas bateyes, con viviendas que llamaron bohíos, caneyes y barbacoas. Se dedicaban a la agricultura y a la pesca, y eran alfareros.

Los primeros asentamientos poblacionales en el archipielago vivieron hace más de 7 mil años, o sea desde el 6000 a.n.e. Según el último censo de sitios arqueológicos aborígenes realizado en el año 2013, la cifra de localidades con esa condición registradas en Cuba asciende a 3 mil 268 y de acuerdo con los actuales fechados, los sitios más antiguos de Cuba son Canímar Abajo, en Matanzas, con aproximadamente 7 mil 600 años y Levisa, en Mayarí, Holguín, entre 6 mil 288 y 5 mil 584 años, ambos asentamientos en la costa norte.
Los primeros constructores de viviendas en Cuba
Los primeros grupos poblacionales del archipiélago cubano ante la necesidad de proteger sus familias, comenzaron la construcción de viviendas con los materiales que tenían a mano y con la primitiva tecnología de aquella época en Cuba. Los materiales que más posibilidades brindaban, de los disponibles, eran las ramas de los árboles y las pencas de las palmas.
Desde las primeras viviendas en Cuba influyó significativamente, en su construcción, el clima de esta área geográfica. Las condiciones de verano casi todo el tiempo, lluvias en algunas temporadas y abundante sol. Las casas comenzaron a parecerse a estas condiciones. Una choza de pajas y ramas podía resolver el problema de la protección de las familias, ante las eventuales lluvias. Y también servía junto con la abundante vegetación para protegerse del sol.
No había necesidad de protegerse de fieras u otros animales peligrosos. En Cuba, por suerte, no hay desde aquella época hasta hoy, animales peligrosos.
La influencia de la conquista española
Luego vino el descubrimiento, en 1492 por Cristóbal Colón, del archipiélago que más adelante se llamaría Cuba. Y después la conquista por España que impactó en la vida de aquellos aborígenes pacíficos. El impacto fue tan fuerte y brutal, que terminó por extinguirlos al paso de unos 100 años.
Y lógicamente los conquistadores introdujeron otras formas y materiales para la construcción de viviendas. Se continuaron empleando las pencas de las palmas, y la madera; pero ya aserrada. Y también introdujeron el uso de metales, la piedra y de los materiales aglomerantes, como la cal y el yeso.
Pero una gran parte de la población siguió viviendo en las chozas de guano y yagua, y pisos de tierra por otros 500 años, por lo menos. Hoy es cada vez más raro encontrar ese tipo de edificación de la vivienda en Cuba. Aunque todavía existen 85 mil bohíos, un 2,2% del fondo habitacional.
La existencia de bohíos en nuestros días es un problema serio, y de verguenza nacional, que hay que resolver. Aunque se ha avanzado mucho en la erradicación de este tipo de casas. Cuando triunfó la Revolución, había en Cuba unos 200 mil bohíos y chozas, reconocidos en los datos oficiales de la dictadura derrotada. En sesenta años de Revolución se han erradicado unos 115 mil bohíos, a un ritmo de 1917 bohíos erradicados por año. Muy lento, aún a pesar de todas las dificultades. Ahora, en la Política de la vivienda, el Estado se propone erradicarlos, todos, en menos de una década.
El problema de la vivienda en Cuba
La vivienda en Cuba es uno de los problemas en que más insatisfacciones tiene la población cubana. Este problema es reconocido por la más alta dirección del estado y del gobierno de Cuba. En realidad es un problema muy viejo. Lo denunció Fidel, desde 1953. Actualmente se trabaja en varias direcciones estratégicas para darle solución.
Como parte de la solución, desde hace varios años, se está tratando de ordenar la legislación y las normas y procedimientos legales, de forma paralela a la construcción, reparación y mantenimiento de viviendas.

Es por eso que uno de los principales programas que se debe impulsar por el Gobierno Cubano es el de la vivienda.
Hay muchos problemas acumulados, muchos de ellos por afectaciones de ciclones. Por eso es importante diseñar y construir viviendas con calidad, sólidas y de manera ordenada.
El fondo habitacional de Cuba
La vivienda en Cuba está por debajo de las necesidades. El fondo habitacional es de 3 824 861 viviendas, del cual el 39% se encuentra entre regular y mal estado técnico. El 49% del fondo habitacional es de cubierta ligera. En asentamientos urbanos hay 2 millones 911 mil 959 casas.
En Cuba existe un déficit habitacional, ascendente a 929 mil 695 inmuebles. De ellos, es preciso construir 527 mil 575 y rehabilitar 402 mil 120. Las provincias de La Habana, Holguín y Santiago de Cuba resultan las más afectadas.
En cuanto al mantenimiento y conservación se requieren por esfuerzo propio de la población acciones anuales en más de 240 mil viviendas, para detener el deterioro.
La tenencia legal de la vivienda en Cuba
La vivienda en Cuba está en propiedad de sus habitantes, en su mayor parte. De los 3 millones 824 mil 861 viviendas que existen hoy en el fondo habitacional, el 88 % son de propiedad de sus ocupantes y el resto (12 %) no lo son. Este 12% tiene la siguiente distribución: el 34% son vinculadas y medios básicos; 20% son usufructos, en arrendamiento permanente el 22% y sin titularidad el 24%.
El valor de los inmuebles está subsidiado entre el 76 y el 82%, en dependencia del sistema constructivo empleado, de lo cual también deriva el precio legal, que además tiene en cuenta otros indicadores como la ubicación geográfica, depreciación y estado técnico.